Trabajo en tecnología desde hace años, y en los últimos tiempos eso ha significado trabajar de cerca con inteligencia artificial casi a diario. No vengo, por tanto, de una posición de desconfianza automática hacia estas herramientas. Al contrario: sé bastante bien lo que pueden hacer, y me parece honesto reconocerlo antes de hablar de sus límites.
Una IA puede darte información en segundos, organizar tus pensamientos dispersos, incluso hacerte preguntas razonablemente buenas si se lo pides con la formulación adecuada. Para explorar una idea, ordenar un problema técnico, o tener un primer borrador de algo, es una herramienta extraordinaria. No tengo ningún interés en minimizar eso.
Pero hay algo que ocurre en una conversación de coaching real que no depende de la calidad de las preguntas, sino de otra cosa: el hecho de que haya alguien al otro lado que también está jugándose algo. Un coach que te escucha no solo procesa tus palabras — las recibe con su propio cuerpo, con su propia experiencia de haber estado también atascado alguna vez, con la incomodidad genuina de no saber todavía qué preguntar a continuación.
Esa incomodidad, paradójicamente, es parte de lo valioso. Cuando un coach humano se queda en silencio antes de preguntar algo, ese silencio tiene peso — comunica que la pregunta que viene le ha costado, que no es automática. Un silencio generado por un sistema no comunica lo mismo, aunque el texto que sigue sea idéntico.
He visto a personas de mi entorno usar IA para "resolver" en minutos preguntas que en realidad necesitaban semanas de estar sin resolver. La respuesta les llegó rápido, articulada, razonable — y aun así no cambió nada en cómo actuaban después. Sospecho que el motivo es este: una decisión que de verdad transforma algo casi nunca llega en forma de respuesta correcta. Llega en forma de darse cuenta, a menudo después de haber dado muchas vueltas, muchas veces en compañía de alguien que no tenía prisa por resolvértelo.
No creo que haya que elegir entre tecnología y acompañamiento humano — de hecho, mi propio trabajo vive exactamente en esa intersección. Pero si tuviera que trazar una línea, sería esta: lo que se puede resolver con información, que lo resuelva la tecnología, y rápido. Lo que necesita ser sostenido por alguien que también esté un poco incómodo contigo mientras lo piensas, eso sigue siendo terreno humano. Al menos por ahora.